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Cuatro de cada diez ciudadanos de la provincia de Tarragona ya son ‘nimileuristas’

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jovenes.jpgEl mileurismo, hace años un símbolo de la precariedad, se ha convertido hoy en una aspiración. En 2005, Carolina Alguacil, una joven barcelonesa, escribió una carta a un periódico en la que se quejaba de la situación laboral de su generación y acuñaba el concepto de mileurista que tanto ha prosperado. Con esos mil euros convertidos ahora en una quimera, el número de ellos se ha disparado en Tarragona con la crisis. En cinco años, hay 34.669 mileuristas más en la provincia, de los 283.912 de 2007 a los 318.581 de la actualidad, un 11% más.

Así, cuatro de cada diez tarraconenses no superan los 1.000 euros y en muchos casos ni llegan, ya que se trata de cifras en bruto, por lo que, en realidad, se trata de ‘nimileuristas’, una nueva etiqueta creada. En ese grupo se incluyen mileuristas asalariados o autónomos, pero también las personas desempleadas que cotizan al recibir su prestación y los pensionistas, según el balance ofrecido por Gestha, el sindicato de técnicos de Hacienda.

Así lo refleja la entidad en su informe Adiós a la clase media, que además realiza una aproximación al concepto de precariedad. El informe constata que hay 48.998 tarraconenses adultos sin ingresos, 18.178 más que hace seis años y que hay 367.579 personas en situación de precariedad, un 45,30% de la población total tarraconense, una tasa por encima de la media catalana y española.

Ese tanto por ciento incluye a núcleos familiares con ingresos conjuntos iguales o inferiores a 12.000 euros brutos anuales o directamente a familias sin ingresos. Si en 2007, cuando apenas se notaban los efectos de la crisis, la precariedad alcanzaba al 39,90% de la población tarraconense, en la actualidad el dato es de 45,30%, con un aumento prácticamente de un punto a cada año.

El mileurismo se ha convertido en el sueldo más habitual, sobre todo entre los jóvenes, aunque a veces alcanzar ese sueldo es un reto demasiado complejo. A tanta estadística le pone rostro Aida, una periodista tarraconense de 24 años: «Sobrevivo con 300 euros al mes y encima tengo que dar las gracias porque es toda una suerte porque trabajo de lo mío. ¿Hasta cuándo aguantaré?».

‘Hago de todo’

Bárbara Sánchez, de 26 años y también de Tarragona, es otro ejemplo de indignación y precariedad. «Soy licenciada pero hago de todo», se lamenta, con un contrato temporal de seis meses, única salida a su completo currículum lleno de decepciones: «He estudiado dos carreras y me he sacado los exámenes de Cambridge. Además, estudio francés. Llevo en un año unas 40 entrevistas de trabajo, unos 400 CV echados. Me han hecho propuestas irrisorias, como ser becaria por 120 euros en un buffet de abogados, algo que avergonzó hasta a la persona que me lo proponía». Ante esta situación, se plantea emigrar: «No hay lugar para mí aquí. Estoy dispuesta a irme y no volver. No me lo ponen fácil, ni siquiera para estudiar. En la universidad me llegaron a decir que estudiando dos carreras era una carga para el Estado».

Sobrevivir entre becas

También Anna, de 46 años, historiadora y administrativa de Tarragona, relata su día a día lleno de privación y agobios para cuadrar las cuentas: «Sobrevivo con 500 euros al mes entre la beca de la universidad y un trabajo de seis horas a la semana. Es posible que tenga que emigrar dentro de poco, ya que se me acaba la beca y hay que comer». «Tengo la carrera terminada y estoy haciendo prácticas de traducción sin cobrar», explica otra chica.

Son ejemplos de personas con trabajo o en prácticas que malviven pese a su formación. Así ilustraba Carolina en 2005 la definición de mileurista: «Es aquel joven, de 25 a 34 años, licenciado, bien preparado, que habla idiomas, tiene posgrados, másteres y cursillos. Normalmente iniciado en la hostelería, ha pasado grandes temporadas en trabajos no remunerados, llamados eufemísticamente becarios, prácticos (claro), trainings, etcétera.

Devaluación de sueldos

«Ahora –prosigue Carolina Alguacil su relato de denuncia– echa la vista atrás, y quiere sentirse satisfecho, porque al cabo de dos renovaciones de contrato, le han hecho fijo, en un trabajo que de alguna forma puede considerarse formal. Lleva entonces tres o cuatro años en el circuito laboral, con suerte la mitad cotizados. Y puede considerarse ya un especialista, un ejecutivo; lo malo es que no gana más de mil euros, sin pagas extras, y mejor no te quejes». Aquel perfil de mileurista ya ha quedado anticuado y releer esa carta deja un poso amargo que evidencia el retroceso.

El informe estadístico anual de la Agencia Tributaria de España tampoco deja lugar a dudas. Actualmente el salario más frecuente está situado entre los 12.000 y los 21.000 euros anuales, mientras que el 40% de los 19,4 millones de declarantes del impuesto sobre la renta, el IRPF, son mileuristas. Esos datos dibujan la imagen de la realidad salarial en el país, marcada por la constante devaluación de sueldos.

Los ajustes de los gobiernos

La bajada de salarios desde 2008 se acelera tanto que a día de hoy un 24% de los pensionistas ya superan a ese 40% de mileuristas. A la reducción de los salarios también han contribuido las políticas de ajustes de los gobiernos, de especial afectación en Catalunya, una comunidad que, pese a todo, no está entre las peores en términos de precariedad.

Con una tasa del 43%, Catalunya está lejos de Extremadura (53%) y Andalucía (51%), las comunidades con una mayor proporción de adultos mileuristas y sin ingresos, seguidas de Murcia (47,7%) y Galicia (47,7%). Por su parte, Navarra y el País Vasco registran la menor precariedad del Estado, con el 22,2% y el 24,1%, respectivamente. Tarragona (45,30%) es la segunda provincia catalana en precariedad, por detrás de Barcelona (42,29%). Girona (45,33%) y sobre todo Lleida (47,70%) tienen peores números que nuestra demarcación.

Los ‘tijeretazos’ en el sector público han sumido muchos sueldos por debajo de los 1.000 euros. Pero no todas las clases sufren de la misma manera la precariedad, pues a medida que bajan los salarios se amplía la desigualdad entre rentas bajas y altas. Según los técnicos del Ministerio de Hacienda, a ello contribuyen las sucesivas subidas de impuestos, especialmente en el IVA y el IRPF. También influyen los recortes aprobados en los últimos dos años y medio, que han impactado especialmente en el poder adquisitivo de las rentas inferiores a los 33.000 euros anuales. En esa horquilla se engloban el 85% de los empleados.

La lectura sociológica constata que el concepto mileurista (la Real Academia de la Lengua lo ha llegado a incluir en su diccionario) ha quedado desfasado a medida que la crisis se ha recrudecido y ha empeorado las condiciones. Mientras, los testimonios de jóvenes trabajadores en precario no dejan de sucederse y servir de ejemplo. «Tengo horario de directiva y sueldo de pringada», cuenta Amanda, que cobra mil euros, trabaja once horas al día y aún se salva de quedar incluida en esa Generación Nimileurista para la que hoy en día alcanzar una nómina de mil euros es una utopía.

Via | Diari de Tarragona

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